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Revista Zero. Julio 2013

 

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La Mendoza que desconocemos.

Por @chanchoalado

Recientemente vino a tocar a Mendoza el reconocido baterista Carl Palmer, miembro de la mítica banca Emerson, Lake and Palmer, y mientras se clavaba un chorizo en el puente del Tomba, me relató una historia que pocos conocen y que paso a detallarles.

En 1967, tres años antes del exitoso debut de la banda británica, Greg Lake tuvo que viajar a Maipú para solucionar un problema de una herencia de un tío radicado en Cruz de Piedra. Los papeles se firmarían en la escribanía Cicutto & Ragamuzzi, la más importante del departamento. Mientras el talentoso guitarrista esperaba a Herminio Cicutto, que llegaría tarde por un problema con la homocinética de su Hansa 1100, notó la presencia de un enjuto muchacho, de extraña apariencia, que totalmente absorto, hacía la mímica de tocar un piano en el aire. Esto no hubiese sido nada extraño, si no fuera porque Lake noto de inmediato que el joven tenía 7 dedos en cada mano.

Finalmente, harto de esperar, Flavio Ragamuzzi es quien da fe de las certificaciones y firmas, apurado porque esa mañana su primo Giancarlo se había comprometido a llevarle un limoncello de fabricación casera. Libre de obligaciones, el músico sale a la vereda sin saber muy bien que hacer en esa desconocida tierra y es entonces cuando el muchacho polidactilico se le acerca y lo invita a tomar un vermouth al bar “Rejucilo”, que estaba ahí a pocas cuadras. Mientras iban caminando, el joven, en un precario inglés, le comenta que el toca el piano en ese bar para ganarse la vida, y que con gusto le invita una copa y a que lo escuche. Lake acepta de buena gana. Sin saberlo, estaba por hacer historia en el rock mendocino.

Benjamín Arnulfo Sargaglia era un distinto. No solamente porque tenía 4 dedos más que cualquier mortal en sus manos, sino porque había desarrollado una técnica propia para la ejecución del piano que le permitía tocar con una velocidad y un virtuosismo sin precedentes. Greg Lake no podía dar crédito a lo que sus ojos y oídos percibían. Casi sin pensarlo, salió a la calle, escribió torpemente sobre una servilleta del bar, la metió en un sobre, y desde la oficina postal más cercana, le rogó a sus compañeros de banda que viajaran inmediatamente a la Argentina, para conocer a tan particular músico.

Pocas personas saben que en 1968 Sargaglia fue reclutado en las filas de Emerson, Lake, Palmer y Sargaglia. El músico maipucino viajo a Londres y de inmediato se puso a componer junto a Keith Emerson. Juntos lograron temas que hicieron furor en los pubs londinenses. Sargaglia rápidamente se convirtió en un mito. Inclusive le quito el apodo de “el Jimmy Hendrix del órgano” a Emerson, dejándole solamente “el del órgano”, situación que desgasto la poca relación entre ambos, y comenzó a marcar el final de la carrera del mendocino. Keith y Benjamín nunca se llevaron bien. Emerson no toleraba ver como Sargaglia podía tocar las composiciones más complejas para piano con una facilidad infantil. Y Sargaglia no soportaba que Emerson le hablara un inglés cerrado, pleno de dialectos, para que no le entendiera.

Finalmente, harto de las constantes peleas entre los tecladistas de la banda, Greg Lake le paga un pasaje de vuelta al pago a Benjamín Arnulfo, quien vuelve a Maipú, en diciembre de 1969, sin nada de aquella efímera fama que lograse junto a la galardonada banda, en los escenarios de Inglaterra.

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