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Revista Zero. Agosto 2013.

 

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La Mendoza que desconocemos.

Por @chanchoalado

A finales de la década del 70, Nicanor Eliseo Rotonda decidió que estaba hinchado las pelotas del punk. Nacido en Rivadavia, llevaba seis años en Leyton, al este de Londres, tocando el bajo en una pequeña banda de heavy metal llamada “The cripple racoon”, a la cual le iba muy mal debido al brutal auge del movimiento musical anarquista en la isla británica.

Nicanor fue uno de los impulsores de la Nueva Ola de Heavy Metal británico, encabezando violentas escaramuzas contra los punks, siendo una de las más recordadas aquella de Junio de 1979, en la que Rotonda orinara a cuatro punks que dormían en una plaza al grito furibundo de “vayan a laburar, vayan a laburar”, desatando así una batalla campal que terminó con 238 heridos de arma blanca, 4 muertos, 12 locales comerciales saqueados, y una anciana incendiada.

Luego de tan brutal episodio, Nicanor vuelve a su provincia natal, y se radica en 1980 en Godoy Cruz, donde vuelve a formar una banda: “Ojete peludo”, la cual dura apenas unos meses debido a peleas internas.

Sumido en la bancarrota y la depresión, Rotonda viaja a ver a sus abuelos paternos a Mar del Plata, aprovechando para descansar un poco y retomar el rumbo. Es allí donde ocurre una epifanía que cambiaría para siempre el destino del músico. En un sueño extraño, exacerbado por el fumado de unas semillas de zapallo hidratadas en Bardahl “máxima compresión”, Nicanor ve claramente un escenario en una playa, con músicos en ojotas y maya, y en pleno clímax del hit, un animal de dimensiones descomunales aparece en el escenario, los ojos en llamas, el hocico bramante. Nicanor despierta completamente empapado, con las pulsaciones a niveles ridículos y notando que se había defecado en la cama Luis XV de su abuela “Negrita”.

Al dia siguiente, el bajista mendocino forma la legendaria banda de Heavy Metal Playero “Iron Mardel”, con la que editó 48 long plays en la década del ochenta, incluyendo “Can I play with baldes?”, con el que ganara cuádruple disco de platino.

En la cúspide de su carrera, en 1985, Iron Mardel da un concierto en Con-Con, ante más de 154.000 personas, inmersos en polémicas con la iglesia chilena que los acusaba de satanistas por su tema “Metele los cuernos, Ruben”. Durante el impecable show, que duró aproximadamente 2 horas y 55 minutos, repasaron casi todos los clásicos de su discografía. Interpretaron piezas como “Choclo con manteca y sal”, “333, el número de la carpa”, “Corre hacia las maderas”, “Balde y pala" (una clara apología del consumo de cocaína) y “Barrenando hacia el infierno”.

Al final del recital, durante el tema “Cuchuflí barquillo”, aparece sobre el escenario, inmensa, grandiosa, la figura de Óscar, el lobo marino gigante endemoniado que, jugando con los músicos termina prendido fuego por Carlitos Murray, uno de los guitarristas, desatando la ira del público, que hacia minutos que se estaba cagando a trompadas y sumido en un descontrol total, comienza a arrojar sus propios excrementos hacia el escenario.

Indiferente hacia la turbamulta enloquecida, desafiante, inmutable, Nicanor Eliseo Rotonda, el líder de la banda, junta con el pie de micrófono las cenizas del muñeco y pone sobre una improvisada parrilla unas mollejas y dos o tres kilos de tapa de asado, que fue lo único que consiguió pasar por la aduana, escondido en un doble fondo del estuche de su bajo.

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