Ir al contenido principal

Revista Zero. Septiembre 2013.

 

9783_10151755385709005_687740248_n

 

La Mendoza que desconocemos.

Por @chanchoalado

En 1956, el Club Atlético Chacras de Coria se consagró Campeón de Intermedia de Ascenso, obteniendo un valioso triunfo por dos a uno ante Palmira. El encuentro se disputó en la cancha de Gimnasia y Esgrima y el gol del triunfo lo convirtió un joven debutante, de porte longilíneo y sorprendente habilidad: Humberto Reynaldo Avanzato.

Ese mismo año, Mr. Roll and The Rockers, debutaba en Buenos Aires, con Lalo Schifrin como pianista. El wing derecho del Albiazul no tenía la menor idea de esto, a pesar de que en su corazón, el ritmo no lo marcaba el fútbol, sino el arte.

Desde muy pequeño Humberto se mostró como un visionario. A la tierna edad de 7 años, sus padres le mostraron unas ilustraciones de lémures en el libro de lectura “Se bueno”, e inmediatamente, el niño Avanzato escribió un guión titulado “Madagascars”, en el que unos animales escapan de un zoo en Nueva York en autos de carrera que hablan.

Ya de adolescente, transformado en un deportista, se enroló en las filas del Millonario, pero cuando pisaba la verde gramilla del Glorioso del Cerro, sus pensamientos no estaban en el arco contrario, sino en la música. Específicamente en grupos, bandas, orquestas. Así fue como tras golpearse furibundamente el parietal derecho con el rostro del arquero del Deportivo Godoy Cruz, Jesús Aleo, quedó inconsciente unos minutos, y despertó con una epifanía. Momentos después, escribió un nombre en el recetario al Doctor Impalizzatto: “Los Alfajores de la Aca Seca Trio”. Humberto explicó que esa banda fusionaría lo mejor del blues y el folclore de manera progresiva.

Si bien Avanzato incursionó en el estudio de la armonía y el solfeo, se dio cuenta rápidamente que no tenía talento para tal menester, y que, por el contrario, se mostraba como un proyecto rutilante en el deporte del balompié. Sin embargo, el joven wing no disfrutaba de hacer goles, ni de ser una estrella; en su cabeza solamente sonaban nombres de grupos, e ideas sobre conciertos, escenarios y posibles negociados que lo harían salir de pobre. Humberto Reynaldo Avanzato, un pionero, fue el primer manager de Mendoza, sin tener a nadie con quien trabajar.

Así fue que continuó su ascendente carrera deportiva, siendo tres veces consecutivas goleador de la Liga Mendocina, y disputando el trofeo “Jugador del año” con el delantero de Independiente Rivadavia, Primo “Il trabucco” Gelatto. Pero Humberto no era feliz. Su sueño seguía siendo crear, administrar y lucrar con grupos musicales. Siempre llevaba consigo una cartera de cuero de tapir, que le obsequiara su fallecido abuelo Genaro Avanzato, donde anotaba los nombres de sus proyectos de bandas, entre las que se destacaban: “Altablancas Sagradas” (grunge progresivo), “Lágrimas Punk” (nótese que Avanzato utiliza el término “punk” más de una década antes de ser descubierto), “Karamelo Saigon” (rock’n’roll con raíces latinas), “Los Camisones de la Pampa Seca” (grunge motoquero cuyano), “Funky Marilú” (funk-glam con muñecas), “Vil and Kin der Videla Menguele” (punk reaccionario para chetos sordos), “Parió la Chris” (reggae ochentoso nacional y popular), “Camarón de la Flor Solar” (psicodelia grunge), “La Nave de los Berp” (rock sinfónico pop), “Raivan Etílico” (pop), y decenas más.

Avanzato nunca logró su sueño y terminó bruscamente su carrera futbolística al recibir triple fractura expuesta de tibia, peroné, cadera y omóplato por Rolando “Tito” Cakka, áspero central del Club Deportivo y Social Guaymallén.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Revista Zero. Octubre 2014

La Mendoza que desconocemos. Por @chanchoalado En 1949, Helga “Puddie” Von Heydrich, íntima amiga y confidente de Annelies Marie Frank Hollander, mejor conocida como Ana Frank, subió temerosa por la rampa del vapor “El cornalito ario” acompañada solamente por su baúl y su oveja de felpa, “Paul Joseph”. Tras el final de la guerra, Helga tuvo la misma disyuntiva de muchos de sus amigos, todos ellos entusiastas participantes de “la solución final”, uno de los mayores genocidios de la historia. Sus compañeros, la mayoría jerarcas nazis, optaron por huir como ratas a diversos lugares del globo, tratando de evitar así las serias condenas que les esperaban. Helga tuvo contacto epistolar con Hasso von Manteuffel, su ex-pareja y otrora General der Panzertruppe. Hasso había llegado a suelo sudamericano un par de años antes y se había radicado definitivamente en Las Catitas, usando el nombre falso de Olegario Arenas. Helga recibió una invitación formal para quedarse con él, garantizándole...

Revista Zero. Enero 2014.

    La Mendoza que desconocemos. Por @chanchoalado Los hermanos Adolfo y Belarmino Brüderstrom salieron de la ENET Nro. 1, también conocida como “Pablo Nogués”, con el promedio más alto de su camada. Egresados en 1973 como Técnico Electricista y Técnico Electromecánico, respectivamente, montaron una ferretería en la casa de su abuela Helga Scheidetrockene, en el Barrio Bombal, a la temprana edad de 18 años. Desde los 8 años, Adolfo, amante de la música, había soñado con tocar el piano, su hermano Belarmino se burlaba de él, y eventualmente lo golpeaba, trayéndolo a la dura realidad económica que vivían: huérfanos y criados por su rígida abuela alemana. No tenían los recursos para pagarle a una costosa profesora de piano, ni para asistir a una escuela musical. Belarmino, intentó siempre hacerle entender a su hermano que el futuro era la electricidad, y una formación técnica. Con el tiempo, Adolfo abandonó su idea de aprender a tocar el piano, aunque jamás dejó su pa...

Revista Zero. Febrero 2014.

La Mendoza que desconocemos. Por @chanchoalado Desde pequeño, Gerardo Gámez fue marginado por sus amigos y familiares por una particularidad: la mala suerte lo rondaba. Fue en su primer cumpleaños cuando comenzaron las sospechas sobre su supuesta condición de jettatore, o de “piedra”, luego de que su tío, Ramón Augusto Gámez se inclinara a encender la pequeña vela con forma de Nelson Pedro Chabay, el rustico defensor uruguayo, campeón con huracán en 1973. Ante la alegría inconmensurable de la familia, el tío encendió su encendedor Carusita y súbitamente, su pilosa cabellera y patillas se prendieron fuego. Como una exhalación, el incendio se extendió a las cortinas de drapeé de su madre. Fue un milagro que las 38 personas que estaban esa tarde en la casa de Gerardo se salvaran. A medida que fue creciendo, Gerardo desarrolló un profundo interés por la música. Se pasaba las tardes con su abuela Herminda escuchando la LV10 y tarareando melodías de Camilo Sesto, Juan Bau y Jairo. Na...