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Revista Zero. Agosto 2014

0119

La Mendoza que desconocemos.

Por @chanchoalado

Gerónimo Juárez nació con un desorden genético que le provocó una tremenda deformidad. Su enfermedad, conocida como el “Mal de Rubbiggablieshteinzürren”, fue definida por el Doctor Víctor Zanja, de la Universidad de Canelones, como “propia de los fomorios, criaturas míticas irlandesas que poseen solo una de las partes que normalmente existen por pares en los seres humanos, o con miembros más grandes de lo normal”. Así pues que Gerónimo nació con solamente un ojo, una oreja y un testículo, y con un pene descomunalmente grande. Con el transcurso de su vida, su miembro se transformó en una masa incontrolable que dificultaba su movimiento y traslado, pero que lo dotaba de una fama formidable entre las mujeres que pasaron por su vida, y algunos hombres también.

Gerónimo se dedicó por completo al estudio de la música. Multi-instrumentista, a pesar de tener solamente un oído, se destacó como compositor, dominando magistralmente la armonía, y ganándose la vida en los duros años 80’s como realizador de jingles comerciales. Tuvieron gran éxito algunas obras como “Preservativos Condón del Plata, una cordillera de placer”, “Cigarrillos Cachimba” y “Calzoncillos Hogar, donde la caca se siente como en casa”. Fue parte de la Filarmónica provincial, donde ejecutaba magistralmente la Viola da gamba, sosteniéndola por completo con la chota, pero nunca pudo actuar ante el público, ya que su deformidad era difícil de aceptar por la gente común.

Ya en la década del 90, Juárez probó armar su propia banda: Parajuarez; que pasaba del rock funk a un exquisito joropo venezolano sin solución de continuidad. La negativa del resto de la banda a que Gerónimo suba al escenario, los problemas con el bajista de la banda, y su cada vez mayor gusto por el pop simple o “easy pop” lo hizo buscar otros horizontes.

Fue así, que a sabiendas de su imposibilidad de subir a un escenario y mostrarse, decidió comenzar a escribir música para otras personas. En 1991 compuso 126 temas para la banda de Porno-metal “Perineo”, que llegara a ser singularmente famosa por canciones como “Tu capó de Citroën”, “Pelado con polera”, “Como sordo al bombo”, “Pija” y el hit “Te la meto hoy y que te la saque el médico”. La popularidad de Gerónimo Juárez como compositor lo llevo a conocer cada vez más gente ligada a la música. Fue así que conoció a la banda Vil&Vic, cultores de un pop-top, o “pop cheto”, bautizado así por el mismísimo Raúl Porchetto. Esta banda, un dúo de simpáticos cantantes, dos coristas, teclados y guitarras, tenía severos problemas en la composición, ya que su target era gente que buscaba una música simple, de diversión despojada de pensamientos, y ellos insistían con profusas escalas y armonías complejas, inspiradas en autores como Palestrina, o Zoltán Kodály.

Comenzó entonces Juárez a trabajar con Vil&Vic, inclusive grabando las pistas de voz, ya que las capacidades vocales de los miembros originales eran –al menos- polémicas. En los shows de la banda, todos los músicos de la banda hacían playback, evitando la atención del público mediante vestuarios estrafalarios, o bailes hipnóticos. Rápidamente el público se multiplicó exponencialmente, llegando a juntar 232.014 personas en el Mendoza Plaza Shopping, con motivo de las rebajas de las jardineras Hendy. El hit “Jamaica”, multipremiado, le valió a la banda el galardón “Ricardo Bochini” como Mejor canción, Mejor solo de guitarra y Mejor poema original, esto último por su línea “Jamaica, Jamaica, Jamaica… Jamaica es la mejor, oh, oh, oh”.

Lamentablemente, las sospechas de fraude crecieron entre el público, y en un concierto, las discrepancias entre el playback y los cantantes fueron evidentes, tras un error del sonidista que largó la pista de “Kilómetro 11”, mientras los frontman de la banda cantaban “Jamaica” a los gritos. La gente, indignada, le dio la espalda a la popular banda, cuyos líderes terminaron en la Costa Azul como DJ’s. Gerónimo, por su parte, salió de la escena musical y nunca más se supo nada de él, quedando en la historia como el “Mili Vanilli” cuyano.

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